|
Es curioso cómo funciona nuestra cabeza, cómo los nervios alteran la visión de las cosas. Esta noche, a un día de empezar mi viaje (el que yo decidí), me empiezan a entrar las dudas de si habrá sido una buena idea o sólo una excusa para mantenerme alejada de las cosas que aquí me estaban haciendo daño como si el hecho de irme me fuera a convertir en otra persona que no sufre. Pero la verdad es que ya me siento un poco diferente porque no me he dejado vencer en la noche de insomnio, he podido controlar los malos pensamientos y transformar los nervios en una emoción positiva o, al menos, nueva. No sabría cómo explicarle a alguien que, de alguna manera, tengo la sensación de estar naciendo otra vez, pero, esta vez, siendo consciente de mí misma. Por eso para mí es muy importante emprender este camino porque necesito saber que no estoy equivocada, que el susurro silencioso que me habla por dentro no es locura sino la verdad. Y tengo que andar. Buscar. Encontrarme.
¡Creo que me estoy poniendo muy mística! No es fácil hablar de esto.
Tengo la mochila prepararada, la mente dispuesta, el corazón abierto y el alma como una gran casa sin tabiques. También tengo nervios, dudas, inseguridades pero, sobre todo, incertidumbre. Y me hace gracia pensar que esa misma incertidumbre que me produce el camino (la incertidumbre de no saber hacia donde voy, lo que voy a encontrar, lo que me espera) es, al mismo tiempo, el motivo de hacer el camino porque el dolor de la incertidumbre me lleva a buscar la emoción de la incertidumbre. Porque, con todo esto, siento que siempre hay una oportunidad para volver a nacer dentro de uno mismo (aunque nadie lo vea, aunque nada cambie). Y ese es el camino que quiero recorrer, el de la ilusión de quitarte los trajes, las máscaras y todo lo que encima me echaron porque tal vez sólo sea posible amar cuando te amas...
Y me voy ya que el tren me está esperando...!
|